El sufrimiento nos aporta

ÁNGELES BENITEZ, Psicóloga
angelesrey3@yahoo.es
El otro día acudía a consulta una chica de 17 años. Llegó triste, cabizbaja, y es que el mundo se le caía encima. En estos momentos está despertando a  la vida, se está topando con la realidad, se está dando cuenta de que la vida es agridulce, que tiene sus momentos buenos, pero también los tiene malos. Como ella expresaba, pensaba que estaba saliendo de la burbuja donde sus padres la habían colocado durante todos estos años. Estaba reflexionando sobre que no todo es de color de rosa. Por primera vez estaba sufriendo.
Hoy día muchos padres y madres se empeñan en evitar el sufrimiento a sus hijos e hijas, ocultándoles situaciones dolorosas, como mala situación económica de la familia, enfermedad de un ser querido, problemas de relación entre los padres,…Y es que resulta que la vida conlleva sufrimiento, éste forma parte de ella, y esto no lo podemos obviar.
Según la RAE, el término “sufrimiento” tiene dos significados interrelacionados pero diferentes: “1. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre una cosa. 2. Padecimiento, dolor, pena”. Esto quiere decir que la segunda acepción remite a un mal, a un dolor, mientras que la primera puede remitir a una actitud frente a ese mal, incluso a una virtud. Si esto es así, E. Jönger llevaba razón cuando decía: “Dime cuál es tu relación con el dolor y te diré quién eres”.
Con todo esto quiero decir que el sufrimiento sigue plenamente vigente en nuestra realidad y así seguirá siendo para siempre. Y que es importante que reflexionemos sobre que sin sufrimiento no crecemos, no aprendemos a resolver problemas, a afrontar situaciones, a buscar el cambio. El dolor, el sufrimiento nos ayuda a vivir mejor, a madurar, a darnos cuenta de nuestras limitaciones y a su vez de nuestras fortalezas cuando hemos vencido los obstáculos y temores que antes nos parecían imposibles de superar.
Pero para que este crecimiento personal se produzca es importante saber qué actitud tomar ante el sufrimiento. Ésta puede ser de aceptación, de rechazo o de desesperación; y como también decía otro autor, Viktor Frankl “si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”, entonces ¿cual escoges tú?

La literatura en el proceso de desarrollo de la persona

MARÍA ÁNGELES BENITEZ, Directora Troa Librerías- Ideas.
mabenitez.ideas@troa.es
En el proceso de desarrollo de cada persona intervienen e influyen todos los elementos y circunstancias que la rodean, conformando lo que será su personalidad y madurez, su relación con los demás.
En dicho proceso la inteligencia es el cimiento de nuestra personalidad, la luz del alma (espíritu) y la puerta que nos abre al mundo. Gracias a ella podemos comprender y dominar nuestro entorno, relacionarnos con los demás y gobernarnos a nosotros mismos. De ahí la importancia de su alimentación y cultivo, mediante la lectura y la propia experiencia.
La lectura presenta tres vertientes principales: la lectura como adquisición de información general, la lectura formativa y el estudio. Pero también la lectura de entretenimiento, en la cual la mayoría de las personas encasilla a la Literatura.
Ésta proporciona un plus de experiencia vital: C.S. Lewis dice: “El valor de la buena literatura nos permite acceder a experiencias distintas de las nuestras”, que contribuyen a nuestro crecimiento personal, pues nos enriquecen no sólo con sus propias experiencias sino también con sus sentimientos, ideas, conocimientos, luchas, reflexiones y un largo etcétera”.
Además, “los libros son espejos indiscretos y arriesgados: hacen que las ideas más originales salgan de tu cabeza, provocan ocurrencias que no sabías que tenías. Cuando no lees, esas ideas se quedan encerradas en tu cabeza. (…) Un espejo mágico también es una ventana: allí ves tus ideas pero también otras cosas, conoces ideas ajenas y viajas a mundos distintos. Un libro es el mejor medio de transporte: te lleva lejos, no contamina, llega puntual, sale barato y nunca marea.”

C.S. Lewis. Crítica literaria: un experimento. A. Bosch, Barcelona 1960, pág. 110.